Si estás leyendo esta entrada el día en que se publica, estarás inmersa en los preparativos de la última noche del año. Menú, bebida, dulces, las uvas… (no empiezo a contarlas ya porque llegarían en un estado lamentable a Nochevieja, pero soy de las que desde las diez de la noche está asegurándose cada treinta segundos de que están las 12, ni una más, ni una menos). Ya seas de las que lo dejan todo para última hora o previsora nivel ejército, en esta semana que va desde Navidad a Año Nuevo faltan días y sobran quehaceres (¡hola, Reyes Magos!).
Por si fuera poco, en nuestra calidad de expertas en incorporar a nuestras vidas cualquier cosa que suene a obligación ineludible, ahora que el año termina nos encontramos por todas partes con una tarea esencial, imprescindible si quieres tener un 2025 exitoso: llegó el momento de HACER BALANCE. Por supuesto, con su poquito de juicio poco amable, no sea que nos relajemos y nos tratemos como si fuéramos personas.
No he incorporado el deporte a mi vida de forma regular, no he conseguido planificar los menús de la semana, no he convertido los domingos por la tarde en un momento de reflexión y preparación que me permita transitar la semana como si me deslizara en lugar de ir haciendo mini maratones continuos. No he escrito a diario, no he practicado mi inglés, no he abierto siquiera el libro para aprender chino que me trajeron los reyes (sí, esto es real. En próximas entregas os voy a llevar de paseo por mis estanterías; gustos eclécticos, que es la forma fina de decir «estás para que te encierren»).
En definitiva: si me propuse algo, no lo he cumplido, casi casi seguro. En mi caso, soy más de autoexigencia diaria, de machacarme con lo que NO hago cada puñetero día del año, así que lo del balance anual y la lista de propósitos, ni fu ni fa. Por si tú sí estás mirando hacia atrás con verdadero agobio, fustigándote por cada pequeña chorrada que no has conseguido como si esto fuera el escaparate final del «Un, dos, tres» y te hubiera tocado la Ruperta, te voy a dar una noticia que va a aligerar un poco esa carga y va a hacer que agradezcas el día que te suscribiste a este nuestro blog.
Y es que desde ese momento en que empezaste a venir aquí cada lunes, te convertiste (si no lo eras ya) en una Diosa Vikinga (en construcción). Y como tal, una de tus prerrogativas es que puedes hacer con el balance, con las listas, las obligaciones y los propósitos de Año Nuevo lo que con todo lo demás: lo de que té la real gana.
Ya te he dicho antes que yo no suelo hacer un listado de propósitos, no empiezo nada nuevo en enero y he seguido siendo igual de buena (o no) el día 1 que el 31 de diciembre. Soy más de agenda académica que de agenda anual, qué le vamos a hacer. Pero si tuviera que hacer recapitulación del año diría que este 2024, en lo personal ha sido una auténtica bomba de relojería. Iba a poner una auténtica mierda, pero aunque ha sido un año duro, en el que mi familia ha atravesado experiencias que ojalá no hubiéramos tenido que vivir, lo cierto es que nos llevamos un APRENDIZAJE, así, con mayúsculas, que no tiene precio. Algún día dedicaré una entrada a esto; ahora mismo aún no puedo hablar de ello como me gustaría.
La cuestión es que a pesar de mi año horribilis, casi siempre se puede sacar algo positivo, incluso de situaciones que a priori consideramos el colmo de la negatividad. Y digo casi porque el fallecimiento de un ser querido sí que convierte un año, un lustro y casi un siglo en una mierda. Ahí, sinceramente, no veo nada positivo; toda mi fuerza para los que este 2024 habéis perdido a alguien.
Retomo la idea inicial: eres una Diosa Vikinga, puedes hacer lo que se salga del bolo. Puedes hacer una lista de propósitos más larga que un día sin pan. Puedes tener uno, ninguno, veinte o declararte en contra de todo lo que suponga nuevas obligaciones. Lo único que tienes que hacer es cuidarte a ti misma, hacer aquello que te haga sentir plena y tratar de que tus días siempre tiendan al «así, sí».
Y me dirás «qué cachonda, Maribel». Que yo pongo las lavadoras, voy a la compra y cocino y eso en lugar de hacerme sentir plena me devuelve a la cocina llena de mierda de la Cenicienta. Lo sé, estoy ahí, y por eso he puesto «hacer aquello que te haga sentir plena» (y no dejarlo para último lugar y priorizar, por ejemplo, el ir a comprar actimeles) y «tratar de que tus días siempre tiendan al «así, sí». Tratar, que no conseguir (no siempre). Y si estás hasta los mismísimos de día, si notas que el siguiente que te venga con alguna gilipollez se va a llevar la del pulpo, ¡huye!. Llama a una amiga, ponte una copa de vino y dedícate 15 minutos. Medita, vete a caminar o abre un libro. Ten preparado el kit de emergencia del «así sí», para cuando lo necesites. Si ni siquiera el kit sirve, sueño reparador y mañana será otro día.
Esta semana he estado a puntito de caer en la trampa y por primera vez en los últimos años, empezar el 2025 con EL PROPÓSITO. Todo empezó al escuchar un podcast en el que hablaban de la importancia de LA COHERENCIA. Durante media hora me fui viniendo arriba, convencida de que eso es justo lo que falta en mi vida. Que no soy coherente, que hago cosas que no siguen mis objetivos, ni mis valores, ¡que ni siquiera me gustan! ¡Pecado! Anabel, ¿cómo vas a ser feliz así? Cuando estaba terminando, anuncian la clave, la norma fundamental, la piedra filosofal y la fuente de eterna juventud. Aquí iba conduciendo, tan cerca del nirvana que el volante lo tenía en la cara. Contuve el aliento dispuesta a escuchar LA FRASE. «Lo que para mí -comenzó la entrevistada con voz dulce, aterciopelada y poseedora de toda la calma que a mi me falta. A mi y a todas vosotras; no tenemos calma porque la tiene toda ella. Y no me extraña, dado lo que vino a continuación- es la norma número uno de la coherencia es lo siguiente: creo que estoy muy muy en coherencia y cuando descubro que no, digo «no pasa nada, es que soy humana». Pues hija mía, eso lo podías haber puesto en el título, que humana ya sé que soy, y coherente cuando puedo, como todo el mundo.
Por eso aquí no te voy a traer recetas mágicas, ni una «to-do list» ni voy a aumentar ni un milímetro la carga mental que ya llevas de serie. Aquí venimos a pasar un ratito bueno, yo escribiéndolo y tú leyéndolo, compartiendo experiencias y recomendaciones para que nuestros días sean más «Así, sí». Y si de paso te aprendes mi nombre (que es ANABEL, de Ana Isabel, no Ana Belén, ni MARIBEL, ni Ana, ni Isabel), pues eso que me llevo.
Esta es la última entrada del año. El día 6 no publicaré, que tengo que montar juguetes y jugar A TODO. Sé que me echarás de menos, pero seguro que también tienes día de juegos, risas y su poquito de «necesito un vino YA». Nos vemos el 13, ya incorporadas a la rutina (que no descansadas, eso no ¡por dios!) y necesitadas de tomarnos la vida un poco menos en serio y un poco más «Así, sí». ¡Feliz año y que se cumplan TODOS tus propósitos!


Responder a De mayor quiero ser DIOSA VIKINGACancelar respuesta