Y tanto que cuesta. Siempre he sospechado que enero no tiene 31 días, no, tiene el doble. A las pruebas me remito: estás leyendo esto el 13 de enero y sin embargo parece que fue en otra vida cuando estabas haciendo tu lista de propósitos (o pasándotela por el forro como buena vikinga), comprando regalos y colocándolos a lo ninja. Hoy, después de un día más de trabajo y rutina, (un lunes, nada menos) tienes la sensación de que aquello fue hace un siglo, y a la vez la sensación de que queda OTRO SIGLO para que termine el mes.
Si además te has hecho el propósito de perseguir algún hábito y te está costando adaptarte, es posible que enero te esté pareciendo el Everest. Y es que eso de los hábitos-propósitos-objetivos, es un poco trampa. Empieza un nuevo año y parece que la persona-mierda que eras el 31 de diciembre tiene que convertirse en ceniza y renacer, a lo ave fénix, en una nueva versión al día siguiente (una versión mejorada, claro está, si no para qué). Pues hombre, si el 31 (y los 365 días anteriores de 2024) no he sido capaz, por ejemplo, de levantarme media hora antes para hacer algo de ejercicio, el 1 de enero tampoco. Ni los días siguientes.
Pero como he hecho mis deberes, me he propuesto mi hábito mañanero y he identificado mi objetivo (que cuando pasen diez años por mi no me levante rígida como una alcayata), cuando el día 11 apago el despertador y decido que «qué le den, no pienso levantarme a hacer el gamba», igual que los diez días anteriores, me siento COMO EL CULO. Te suena la película, ¿a que sí?
Ya te conté en la entrada anterior que no soy yo muy de propósitos de año nuevo, pero a veces caigo en la trampa. Y es cierto que me gustaría que el ejercicio formara parte de mi vida de una forma más ordenada y no sólo cuando me sobra un rato. Así que voy a intentar un nuevo enfoque, que comparto contigo por si te sirve: centrarme en el objetivo. En mi caso, conservar en lo posible mi capacidad de disfrute actual en el futuro, subir escaleras sin ahogarme, poder patearme cualquier ciudad agusto y a buen paso, (es como mejor pienso), a poder ser también sin ahogarme. Vivir sin ahogarme.
Y hacerme LA PREGUNTA. ¿Esto va a hacer mis días más «así sí», en lugar de días «qué coño, que llevo todo el día corriendo de un lado para otro y no he hecho NADA»? Pues venga, Vikinga, ¡a por ello!.
También es posible que me ayude el ser honesta conmigo misma: ¿de verdad piensas que vas a hacer el esfuerzo de levantarte a las 6 de la mañana para dar saltos en el salón, Maribel? Con la edad (¡ay, la edad! Esto SÍ que tenemos que hablarlo próximamente) es verdad que me levanto temprano SIEMPRE. Años y años de que me despertara algún llanto, vocecilla, patada voladora o puñetazo en la cara a eso de las 7 de la mañana han transformado para siempre mi reloj interno. Ahora, por muy tarde que me acueste, no soy capaz de dormir más (esto tampoco te lo dicen en el «manual para personas que están pensando tener hijos». Ah, calla, que no hay manual).
También he decidido aplicar este año algo que recomiendan todas las coaches, gurús y gentecilla que sabe siempre lo que hay que hacer (y tú y yo no). Algo que no sé por qué no he hecho antes, si hay señales por todas partes de que es lo que se debe hacer y lo que funciona. Estoy hablando de recompensas, querida vikinga. Igual que sucede ahora con la educación de los niños (respetuosa, nada de castigos, ni una mala voz; consecuencias positivas, nunca negativas, como decía un personaje del mundo del fútbol de cuyo nombre por supuesto no me acuerdo ni probablemente haya sabido nunca) y también de los perros (respetuosa, nada de castigos, ni una mala voz; consecuencias positivas, nunca negativas) y de cualquier ser vivo que pretendas «adiestrar» (no estoy comparando a niños con perros ni estoy diciendo que a los niños haya que adiestrarlos. ¿O sí?).
En definitiva: PRÉMIATE, VIKINGA. Que a nadie le amarga un dulce, y si cada vez que consigas hacer eso que tanto te cuesta y que quieres conseguir, pasa algo bueno, tu subconsciente va a estar mucho más colaborador (y falta hace, que dicen que el subconsciente domina un 90% de nuestro cerebro. Un 90% sobre lo que no tenemos un control real y lo máximo que podemos aspirar es a crear condiciones para que juegue a nuestro favor. no me digas que no es una premisa increíble para una historia de ciencia ficción: Yo, subconsciente).
Hablando de esto del subconsciente y el cerebro, parece ser que cuando compones una sonrisa, o mejor aún, una risa a carcajadas, tu cerebro interpreta que es una emoción real y manda la orden de segregar lo que sea que se segregue cuando de verdad te ríes a carcajadas. Digo «lo que sea» porque hablo de memoria, porque no me acuerdo y además no tengo ni idea de estas cosas. ¿Podría anotarlo cuando lo leo, mirarlo, ampliar información? Sí. ¿Hace unos años lo hubiera hecho? Sí. ¿Es esto la Muy interesante? NO. En cualquier caso, esto es una comunidad; si alguien amplía información en comentarios porque sabe de cualquiera de las cosas que se hablan aquí, estaremos agradecidas y emocionadas y solamente podremos decir «gracias por venir» (esto último lo has leído cantando, ¿eh, viejunilla?).
Yo a lo que me dedico aquí es a ofrecerte esas perlas de sabiduría y sobre todo a contarte mi experiencia. ¿Es posible que al leer esa noticia me tirara cuarto de hora riéndome a carcajadas (falsas) en mitad del salón de mi casa? Es posible. ¿Puede ser que la perra se llevara un susto de muerte con la primera carcajada (y con las sucesivas se quedara mirándome sin moverse ni un milímetro, como dispuesta a huir en cualquier momento)? Puede ser. ¿Me sentí como si de verdad hubiera estado quince minutos riéndome a carcajadas? Pues a ver, es que llegó un momento en que la situación era tan absurda que me empecé a descojonar de verdad. Presunta e hipotéticamente, ya sabes.
Y hablando de «fingir», me viene a la cabeza otro tema relacionado con lo anterior, que escuché esta semana yendo al trabajo: el de las «posiciones de poder». La cuestión es que cuando nos sentimos «pequeños», con baja autoestima, inseguros… sin ser conscientes (recuerda que el porcentaje de consciencia es una birria) adoptamos una posición de «defensa» (hombros hundidos, encorvados, mirada baja… una pena, la verdad). Y a la inversa, cuando nos comemos el mundo nuestro lenguaje corporal lo refleja. Aunque esto se ve a simple vista, la gente sesuda que estudia estas cosas se preguntó si podía «forzarse» la posición de poder. Es decir, si por ejemplo el abrir los brazos, adelantar el pecho y dejar de hundirte como si fueras a desaparecer en una situación potencialmente estresante, como cuando estás delante de un auditorio a punto de tomar la palabra, realmente puede conseguir que te sientas más confiado, más seguro. Y parece ser que sí. Os dejo el link a una charla TED sobre este tema.
Si veis las fotografías que proyecta Amy Cuddy durante su charla, hay una en la que directamente la persona está con los pies sobre la mesa y los brazos alzados, cruzados por detrás de la cabeza. Se me ocurren muchas situaciones en las que me encantaría haber tenido esa posición; no descarto que en la próxima reunión con un personaje con el que he tenido la desgracia de coincidir y al que por motivos totalmente ajenos a mi voluntad no puedo mandar a la mierda, espere con los pies encima de la mesa. Poder no sé si sentiré, pero que me voy a reír a carcajadas, eso es seguro. Y que voy a decir «así, sí», también.
En cualquier caso, dado que estás en mitad de enero, que ves el 31 muy lejos (sobre todo porque a enero le sigue febrero, que es otro «mes pereza») y que estás de rutina YA hasta el mismísimo, tengo una propuesta para ti:
- Seguro que a lo largo del mes tienes alguna reunión de trabajo / cita / presentación que te apetece una mierda, preferiblemente con alguien que te caiga como una patada en el culo (y que no te pueda despedir). Prepara la sala o espéralo en tu mesa y cuando entre, recuéstate en la silla con las manos detrás de la cabeza, sonríe como el gato de Chesire y sube los pies hasta ponerlos encima de la mesa. Si hay alguna tensión, ponte de pie, apoya los puños en la mesa y adelanta el cuerpo, así, como si le fueses a dar una hostia (pero no se la des, que luego el papeleo es un horror).
- Ese mismo día si quieres prolongar la sensación, o bien cualquier otro en que llegues a casa echando humo por las orejas, plántate en el salón de tu casa y empieza a reírte a carcajadas. Así, sin preparación ni nada. Si estás sola, te acabarás descojonando, te lo aseguro. Si te atreves a hacerlo estando tu familia allí, estoy segura de que además de segregar lo que sea que se segregue, vas a crear un recuerdo que no creo que olviden fácilmente.
Por mi parte, sólo de pensar que quedan aún tres semanas completas para terminar enero, me entra la risa floja. Espero que a mi subconsciente le llegue eso, la risa, y no el pánico/estrés/agobio que hay detrás. Por si acaso, tendré preparada la carcajada falsa y el kit de Diosa Vikinga (vela, vino, libro). Y del estrés, que se ocupe Bautista.
Termino con un aviso para suscriptores: es posible que durante algún tiempo publique cada quince días (lunes sí, lunes no). El motivo es que quiero estudiar una alternativa a wordpress, que es donde publico las entradas actualmente y que como no tengo ni idea de estas cosas, me va a llevar un tiempo ver cómo tendría que hacer para migrar las entradas, lista de suscriptores… (si alguien sabe cómo migrar de wordpress a substack y no morir en el intento, ¡ayuda por favor!).
A los que os llega esta entrada por correo electrónico quiero que os siga llegando publique donde publique, pero es posible tengáis que dar el consentimiento para que os mande la entrada desde otro sitio (¡aceptad, no me dejéis sola!). Además tengo dos proyectos que me van a llevar cierto tiempo: terminar mi tienda online de ilustración (sígueme en instagram si quieres conocer algo más de esa faceta mía, es @_anabelvaliente_ ) y ¡por fin! empezar a escribir algo que me ronda la cabeza desde hace tiempo. Todo esto se me ha complicado con un cambio de curro (del aburrido pero que me da de comer) que me va a tener un par de meses «ocupada», por decirlo suavemente.
Para no hacer propósitos de año nuevo, no lo he hecho mal en este 2025, ¿eh? Espero que me sigáis acompañando en todo este proceso y que lo viváis conmigo. Y compartid vuestros propósitos, vuestros truquillos para ser constantes y cuánto os gusta este mes de enero, que ya sabéis que compartir es de Vikingas.


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