Titulazo ¿eh? Seguro que al leerlo te han venido a la mente Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente y compañía. O la Sirenita, Pocahontas, Mulán, Mérida… todo depende de los años que tengas. Las princesas Disney han ido evolucionando a lo largo del tiempo, (a dios gracias), aunque quizás de forma un poco más lenta de lo que hubiera sido deseable; fucking príncipe azul, qué daño nos has hecho.
Y no entiendo por qué, la verdad. Si sólo bailaba, ponía zapatos, besaba a doncellas dormidas… Como mucho montaba a caballo blandiendo la espada. Lo cierto es que yo no conozco a nadie que suspirara por ningún príncipe de disney, pero no sé cómo nos hicieron querer convertirnos en damiselas que necesitábamos ser rescatadas y que creían que el no va más de los objetivos vitales era pegarnos unos bailes eternos en un palacio de cristal.
Pues ni príncipe, ni bailes eternos, ni palacio de cristal. Un montón de ranas, pisos de estudiantes donde bebíamos guarrerías como martini con naranja o 43 con piña y eso sí, Lobo Hombre en París, Sabor de amor o Cadillac Solitario.
Por el camino fuimos tropezando (unas cuantas veces en el mismo príncipe de los cojones) y viendo como las princesas de nuestra infancia nos iban mirando e iban aprendiendo. Las damiselas se iban cansando de esperar y empezaban a rescatarse entre ellas. Y resulta que además, se lo pasaban en grande. Y Bella le plantaba cara a Gastón y a la Bestia, el sueño de Tiana era abrir su propio negocio y la espada, esta vez, la llevaba Mulán.
Me di cuenta de que las cosas habían cambiado y mucho viendo una película de Barbie con mi hija mayor. No la nueva, tan moderna y molona, sino una Barbie princesa de dibujos animados, hace ya unos cuantos años. La historia la conoces: dos Barbies idénticas pero sin genética en común; una, princesa de un reino con palacio y todo; la otra, costurera y pobre. Se intercambian palacio y costura y galanes también. Hay un malo, claro está, a lo visir de Aladdín, pero todo se descubre y termina bien.
Estarás pensando «pues menudo cambio, amiga Maribel»,(porque sois vikingas pero también un poco cabronas), pero AMIGA, QUEDA EL FINAL. La princesa, que también es cantante, pasa del castillo y del reino y se va de gira. Fue tal el shock que no me acuerdo de nada más. BARBIE FOREVER.
Y digo yo, si hasta Barbie evolucionaba y creía en sí misma, ¿no lo ibas a hacer tú, querida vikinga? Pues claro, ahí fuimos, nos hicimos guerreras y pensábamos que ya estaba todo hecho. Y nos lanzamos a asumir todos los papeles: esposas amantísimas, madres ejemplares, trabajadoras incansables, amigas fieles y todo ello con humor, paciencia y cantando como Mary Poppins. Nos convertimos en todas las princesas A LA VEZ: limpia como Cenicienta, pero luce como la Bella Durmiente; lucha como Mulán defendiendo a los tuyos y por supuesto que no falte el pan y la independencia. Ah, y que no se os olvide cuidar a los enanos. PRINGADAS.
Fíjate en todos los roles que he descrito, a ver si sabes qué es lo que falta. Pues sí, faltamos NOSOTRAS. Nada de cuidarnos, nada de emocionarnos, nada de disfrutarnos. Al revés, el tiempo que dedicamos a nuestro bienestar es EGOÍSMO, así, sin paliativos. Si no estás haciendo tres o cuatro cosas a la vez, eres una jodida vaga, ni más ni menos.
Afortunadamente, Disney ha venido a salvarnos. Con las emociones COMO PROTAGONISTAS, nada menos. Dos películas. Y empezamos a hablar de autocuidado, de disfrute, de gozarlo cosa bárbara. ¿Casualidad? Pues mira, lo sea o no, bienvenida esta ola de creer en nosotras, de apoyarnos, de hacer comunidad y de validar las emociones y nuestra salud, tanto física como mental.
Mi apuesta para el futuro es EL DISFRUTE. Así que señoras de Disney (para esto necesitamos a las señoras), para la siguiente etapa queremos la tele de Willy Wonka (por si no conoces la historia, Wonka inventa un aparato de TV en el que puedes meter la mano en la pantalla y coger lo que en ella salga; en el caso de Wonka, puedes extender la mano, sacar de la pantalla una chocolatina y comértela en el sofá de tu casa). Y como ya hemos tenido bastantes princesas, se me ocurre así, sin pensarlo mucho, que aunque estaría bien lo del chocolate, podríamos ir un poco más allá y que haya otras opciones (¿qué tal un vino y Thor?).
Mientras llega ese momento, te voy a dar algunas ideas para ir llenando ese Kit de Disfrute de Diosa Vikinga:
- Cualquier canción de esta mujer
- Este vinazo
- Esta vela. La tengo, huele fenomenal y dura un siglo. Es de Superbritánico, síguelos en instagram porque yo me iría a vivir a esa tienda sin dudarlo.
Empieza por algo fácil y que va a transformar tu inicio de semana. Cada lunes, a partir de las 20:00, abre este blog en tu ordenador/móvil/tablet. Ponte tu música, una copa de vino (o una cerveza, un agua con gas o lo que más te guste), enciéndete una vela y dedícate tu momento vikingo. Y al príncipe azul, que le den.


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